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Granada, 03 de Septiembre de 2014

Turismo de salud

Baños árabes

Las refinadas costumbres higiénicas de nuestros antepasados andalusíes, descritas con detalle en algunos tratados que narran sus gustos por las cremas y aceites o las espumas aromáticas, así como las preceptivas abluciones antes del rezo coránico y el significado espiritual del agua, fueron el germen de la proliferación de los Hamman o Baños Árabes por todo el territorio granadino.

Estos improvisados centros de transacciones mercantiles, en ocasiones, y siempre lugares donde poder experimentar el placer de la total relajación de los sentidos, se configuran en sus fines y, sobre todo, en su estructura como los continuadores de las termas o caldas romanas, aunque más pequeños, tipificados e inconfundibles.

El edificio del baño tenía que revestir una gran solidez para poder aguantar las enormes diferencias térmicas del interior y del exterior; por ello, el material usado en su construcción fue la argamasa para los muros y, para las bóvedas, muy robustas, la piedra y el ladrillo hábilmente combinados, aunque aligeradas con claraboyas y lumbreras por las que penetraba la luz a las diferentes dependencias.

Estos edificios macizos de escasa ventilación debían tener un mínimo de tres o cuatro salas o naves, correspondientes a un vestíbulo o zaguán, el apodyterium romano y el “al-bayt al-maslaj” árabe, en el que se descansaba y se dejaba la ropa; una primera nave de refresco, llamada “al-bayt al-barid”, en la que se recibían los blancos paños para el cuerpo y la cabeza y las sandalias de madera.

Desde ésta se penetraba en la estancia central, “al-bayt al-wastani”, el romano trepidarium, de ambiente templado, con la estufa de vapor. La última sala, el caldarium romano o “al-bayt assajun” musulmán, de aguas calientes y bajo la que se encontraban las calderas. Desde esta última sala a la primera se hacía sudoración en seco, baños de vapor y a diferentes temperaturas.

Otros servicios complementarios al baño eran los masajes, la peluquería y los cuidados de los pies con piedra pómez. El edificio se completaba con letrinas, leñeras y cisternas.