Recinto amurallado y puertas
Las murallas que rodeaban la ciudad de Granada medieval cumplían una doble función: defenderla de los posibles ataques enemigos y marcar su límite con respecto a la vega. Con tal fin los ziríes las comenzaron a edificar en el s. XI, conservándose restos de este primitivo recinto, al que más tarde se sumarían otros, en el Albaicín, junto a la Cuesta de la Alhacaba.
Sus puertas eran el pulmón de la ciudad, donde se realizaban las transacciones comerciales y los mercadeos, la zona más viva y agitada de la medina. La principal, llamada de Elvira aún se mantiene en pie con todo su esplendor, al igual que la Puerta de Monaita.
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