Dónde dormir Granada

Dormir en casas cueva en Granada

Los alojamientos en cuevas de las comarcas de Guadix y El Marquesado, y Baza-Huéscar se han convertido en uno de los productos turísticos más atractivos y singulares de la provincia de Granada. Actualmente existen, en las dos zonas mencionadas y en el barrio granadino del Sacromonte, más de medio centenar de establecimientos reglados catalogables como alojamientos turísticos en cuevas. Todos ellos tienen como denominador común el servicio de calidad, el respeto al medio ambiente, y la recuperación y conservación de una de las tradiciones constructivas y arquitectónicas más peculiares de Europa.

 

La experiencia Arquitectura subterráneaCavernas prehistóricasRefugio del pasadoEl Sacromonte
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Dormir en una casa cueva es una experiencia que sumerge al visitante de lleno en la cultura y en la forma de vida de más de 3.000 familias granadinas. Excavadas en las entrañas de la tierra, estas casas constituyen un magnifico ejemplo de la integración del hombre con la naturaleza y el paisaje.

Los alojamientos en cuevas son típicos de las comarcas de Guadix y El Marquesado, en Baza-Huéscar: El Altiplano, y en el granadino barrio del Sacromonte. El denominador común de todos ellos es el servicio de calidad y el respeto al medio ambiente. En ellas el huésped se sentirá como en casa, pues todas cuentan con las comodidades exigibles a un alojamiento turístico de calidad.

Cada una de las cuevas es diferente a las demás y en ellas se puede observar cómo la arquitectura popular se adapta a las características del medio físico donde se encuentran. Las tierras duras y resecas que, sin ofrecer resistencia a ser excavadas, resultan compactas e impermeables dan como resultado estancias frescas en verano y cálidas en invierno.

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VIVIR BAJO TIERRA

Excavadas en las laderas de empinados cerros y barrancos, las cuevas y casas cueva se disponen sin un plan previo, atentas sólo al relieve del que forman parte y a la situación del sol. No existen calles, siendo sus referencias urbanas las cañadas y ramblas. Construcciones más evolucionadas, con fachadas adosadas y edificios anexos, se sitúan junto a otras más tradicionales, presumiendo ambas de sus esbeltas chimeneas encaladas, sus típicas placetas y porches vegetales. Pero no existe ninguna imagen que permita conocer su interior, sino que hay que ir adentrándose en ella, desde sus elementos más públicos hasta los más íntimos y privados.

La arquitectura subterránea no es sino el resultado de la búsqueda por parte del hombre de un tipo de hábitat que se adecue al medio en el que vive y también a la actividad que desarrolla, siendo por lo tanto fundamental el terreno en el que se llevan a cabo las excavaciones, unas veces aprovechando la acción de las fuerzas naturales y otras recurriendo exclusivamente a la actividad humana .

Como ocurre en las comarcas de Guadix y El Marquesado y Baza-Huéscar: El Altiplano, las cuevas se localizan en zonas áridas o semiáridas, junto a ríos o cursos de agua pero no en áreas inundables ni ocupando tierra fértil, sino en laderas, vertientes de barrancos o en torno a pequeños montículos. Los terrenos más adecuados son aquellos blandos para el pico pero a la vez compactos para que garanticen la solidez, e impermeables para evitar las filtraciones y humedades, siendo los más empleados las arcillas, margas, conglomerados, areniscas blandas, calizas, arenas, tobas y loes.

CÓMO SE EXCAVAN

La construcción de una cueva, obra en la que el usuario ha contado siempre con la inestimable ayuda del “maestro de pico ”, se inicia dando un corte vertical al terreno que servirá de fachada, quedando libre el plano horizontal situado ante ella; según la topografía, a veces es necesario realizar otros dos cortes verticales en los extremos perpendiculares que actuarían a modo de contrafuertes.

En el centro de la fachada se traza la puerta en arco (penetrando 1 m. o 1,5 m., que es el espesor de los muros de carga) y, a partir de ella, la primera habitación, con techo en bóveda de cañón, planta cuadrada y unas dimensiones de 2,5 a 3 m. de lado. A continuación de esta primera estancia se irán excavando, en forma de galería, el resto de habitaciones. Su número, dimensiones y organización interna dependerá tanto de la extensión del cerro o colina como de las posibilidades económicas y necesidades de sus moradores.

La topografía del terreno en la que se desarrolla este proceso constructivo, con sus curvas, formas y pendientes, condicionará asimismo las diferentes clases de asentamientos de los conjuntos cueveros presentes en Granada.

Quizás el más extendido, sobre todo en la Hoya de Guadix, es el situado en vertientes abruptas, con las cuevas organizadas en hileras y superpuestas en diferentes niveles horizontales, a las que se accede a través de angostos caminos serpenteantes que bordean la ladera.

Si el enclave se encuentra en una zona de pequeños montículos, atravesados de extremo a extremo buscando la luz y la ventilación cruzada, las casas cueva se alinearán a lo largo de calles o bien se agruparán en torno a un plaza o placeta; esta tipología sólo se puede contemplar, dentro de la región andaluza, en la provincia granadina, configurando núcleos en Benalúa, Gor, Purullena, Baza, Benamaurel y Huéscar. Existe, además, un tercer tipo de asentamiento, localizado en Baza, pero que ha quedado en desuso por el riesgo de inundaciones que implica: la excavación en fosa .

CUEVAS Y CASAS CUEVA

La evolución de sus elementos externos, fruto de la adaptación a los nuevos tiempos y las modernas necesidades, fue propiciando la paulatina conversión de las primitivas y originales cuevas en casas cueva, provistas de edificios y construcciones adosadas a la fachada o erigidas en el espacio de acceso a la vivienda.

Así, a partir del esquema habitual de organización espacial, consistente en estancias comunicadas entre sí por pequeños huecos a modo de arcos fajones y organizadas en galerías excavadas en profundidad o de forma paralela a la fachada, se fueron sumando formas más complejas de concebir esta construcción. Las principales innovaciones serán la adición en fachada de otros cuerpos, adosados o exentos, y la potenciación de recintos como la placeta de acceso. Estos cambios permitieron separar las dependencias dedicadas a animales de las que albergaban a personas y sacar al exterior los locales húmedos.

Así, el agregado inicial se va transformando en una edificación cada vez más autosuficiente que conserva la primitiva cueva como una simbólica muestra del asentamiento original.

CHIMENEAS Y LUCERNARIOS

Los elementos exteriores de mayor impacto visual son, sin duda, la fachada y la chimenea, dos de sus señas de identidad. La primera apenas presenta huecos, con el objetivo de mantener las excelentes condiciones térmicas; sólo se presentan los de la entrada a la vivienda y a la cuadra, a los que a veces se añade un ventanuco para la ventilación.

La puerta de acceso tradicional es un portillón con dos hojas horizontales que permite la apertura de la parte superior a modo de ventana. La fachada más simple aparece encalada directamente sobre el cerro excavado siendo, no obstante, la más habitual la fachada de obra construida con ladrillo, hormigón o piedra que protege el terreno de la erosión. Los porches vegetales o porches de obra rematados con tejas, así como las diferentes formas de adosar la vivienda a la cueva ofrecen todo un repertorio de fachadas, casi al gusto de cada morador.

La chimenea, excavada desde el interior, se diferencia sustancialmente de unos lugares a otros, a pesar de su proximidad. Así, entre las mismas localidades de Guadix y El Marquesado o el Altiplano se pueden contemplar algunas con forma de cono y otras más parecidas a prismas y cilindros; de argamasa, ladrillo o piedra; encaladas o con remate de obra para evitar filtraciones de agua.

En el interior de las casas cueva, los lucernarios ubicados al fondo de estrechos y largos pasadizos, cuyo objetivo no es otro que captar toda la luz posible, compiten en diversidad e imaginación, desde los balcones a los grandes patios que reciben luz desde el exterior. Se realizan cuando el terreno permite atravesar totalmente el cerro al construir la cueva, buscando una nueva salida al exterior que posibilite la obtención de iluminación y ventilación cruzada.

El encalado de paredes y techos es una ingeniosa forma de aprovechar al máximo este recurso natural. En el interior de las cuevas el ambiente es seco y la temperatura, unos 18º C, se mantiene constante durante todo el año.

EN TORNO A LA LUMBRE

La organización de las estancias que aún conserva muchas de las cuevas actuales sigue reflejando el modo de vida de una población eminentemente rural. La primera habitación a la que se accede desde la puerta se destina a sala de estar o cocina, situándose muy cerca la chimenea, que cumple un papel fundamental en cuanto a aireación de la vivienda.

Las habitaciones más interiores se reservan para los dormitorios, separándose entre sí visualmente, bien por cortinas, bien por puertas o paños enteros acristalados. El recorrido hasta esta parte más íntima de la cueva ha permitido contemplar los numerosos armarios, alacenas y despensas excavadas o bien construidas en arcilla cruda.

Los cambios más significativos en el hábitat inicial se producen cuando, al quedar cuevas vacías en lugares próximos, se traslada a ellas a los animales, permitiendo mayor espacio para uso exclusivo de la vivienda y resolviendo el problema de los malos olores.

Además, con la construcción de las redes públicas de abastecimiento de aguas, los pequeños lavaderos situados en las placetas y los aseos se trasladaron a construcciones anexas.

Esta tendencia generalizada al crecimiento de las casas en plantas y crujías, a la par que la modernización de sus servicios básicos e instalaciones, no ha restado ni un ápice de relevancia al que puede ser considerado como uno de los hábitat de mayor antigüedad.

CENTRO DE INTERPRETACIÓN DE LAS CUEVAS DE GUADIX
Guadix cuenta con una casa cueva utilizada como museo, instalado en una de las cuevas del famoso barrio de Santiago, en el extrarradio de la ciudad. En ella, es posible contemplar el modo de vida de la gente de la ciudad y de su tierra, no sólo a través de una cueva típica, sino también con una buena colección de objetos e indumentarias utilizadas en oficios, festejos, industrias agrícolas y ganadería.

La Cueva Museo se distribuye en diversas salas: portal, audiovisuales, biblioteca, artesanía y tradiciones, dormitorio, alacena, cocina, cuadra, marranera, aperos de labranza, despensa y pozo. Los objetos expuestos son representativos del modo de vida tradicional. 

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La Hoya de Guadix y las altiplanicies de Baza y Huéscar, al Norte de la provincia, son dos amplias depresiones intercaladas entre las serranías béticas, repletas de pasillos, corredores y abrigos naturales han sido escenario desde la Antigüedad de numerosos asentamientos.

Así, el denominado hábitat troglodítico, que hace referencia al peculiar modo de organización humana en cavernas, alcanzó en ambas zonas un gran desarrollo, que se refleja en los numerosos restos arqueológicos hallados.

Al yacimiento argárico de La Balunca, en Castilléjar, se suman las Cuevas de la Tía Micaela y Sin Salida (ambas en Cortes y Graena) y la Cueva Horá, Abrigo de Luis Martínez y Cuevas de Panoría (todas en Darro), abrigos naturales ocupados por cazadores y recolectores paleolíticos que dejaron en sus paredes numerosas pinturas esquemáticas y vestigios del arte rupestre. Asimismo, al este de la localidad granadina de Píñar se hallan la Cueva de la Carigüela y, sobre todo, la famosa Cueva de las Ventanas, habitada desde el Paleolítico Medio. Esta gruta acondicionada a la perfección para su uso turístico recibe su nombre por las tres bocas de acceso que presenta desde el exterior, la única entrada y salida de la cavidad.

La fertilidad de las tierras circundantes, así como su enorme riqueza minera, fueron favoreciendo también la penetración temprana de pueblos llegados desde el Mediterráneo que aprovecharon las óptimas condiciones del terreno (formado por materiales blandos, compactos e impermeables) para excavar, en las empinadas laderas de los ríos, nuevas cuevas. Los romanos, aunque optaron por sus ‘villae’ exentas, las situaron en las inmediaciones de las cuevas actuales, confirmando, pues, el magnífico enclave de éstas. Los godos seguirían el ejemplo del Imperio Romano.

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SEGURIDAD Y AISLAMIENTO
El interior de las cuevas ha sido la morada más utilizada por los hombres durante milenios. La seguridad y el aislamiento que las poblaciones prehistóricas encontraron en estos primitivos abrigos naturales sería más tarde buscada por culturas como la musulmana, artífice de gran parte de las cuevas y casas cueva excavadas en la provincia granadina. Esta arquitectura subterránea, fiel reflejo de los cambios históricos, sociales y económicos de su entorno, se mimetiza con el paisaje y relieve, confiriendo a las zonas donde se concentra, las comarcas de Guadix y El Marquesado y Baza-Huéscar: El Altiplano, una expresiva belleza plástica. Un valioso patrimonio que se ha convertido en seña de identidad e importante recurso turístico. 
ATALAYAS MEDIEVALES

Con la llegada de la civilización musulmana, la cueva adquirió la consideración de obra constructiva y cambió sus funciones y finalidad originaria. Se convertirá, primero, en cobijo de ciertos sectores sociales de la época que tuvieron que esconderse o alejarse del poder y, más tarde, en la única vivienda asequible para la población con menos posibilidades económicas.

En los s. XI y XII, con la llegada de los almohades a Granada, los mozárabes (árabes convertidos al cristianismo) buscaron refugio, con su culto, en ellas. A este período pertenecen las Hafas de Arriba de Benamaurel , un conjunto de cuevas con palomar incluido, situadas en un corte vertical del terreno que se halla dividido en dos partes, ubicándose en la más alta las oquedades a las que se accede por una vereda.

Estas originarias cuevas medievales (conocidas en Guadix como Covarrones o Cuevas de Moros) poseían un fuerte carácter defensivo y constituían pequeños núcleos de población compuestos por viviendas aisladas. Según sus funciones se agrupaban en viviendas permanentes (el antecedente de los pueblos de cuevas actuales como Cortes y Graena, Marchal, Lopera, Benalúa…), reocupadas una y otra vez hasta la conquista cristiana; a talayas, difíciles de localizar pues semejan, a menudo, grietas naturales del terreno; cuevas-refugio, que por sus dimensiones y el desarrollo de sus sistemas defensivos eran auténticos castillos; y graneros en acantilados, cuya entrada era la ventana a la que se accedía por medio de cuerdas o escaleras.

LOS BARRIOS MORISCOS

En las inmediaciones de estas construcciones subterráneas medievales, abandonadas en su mayor parte y no reutilizadas posteriormente, excavaron los moriscos de forma masiva sus cuevas al verse relegados de las grandes urbes después de la conquista cristiana. Así, por ejemplo en Guadix, desde finales del s. XV, se produce un desplazamiento masivo de la población islámica desde la medina hasta la periferia, por orden del Duque de Escalonia, aduciendo motivos de seguridad.

Este fenómeno constructivo alcanzará una dimensión urbana a finales del s. XVI , cuando los moriscos expulsados tras la rebelión de Abén Humeya vuelvan a su lugar de origen, en una especie de prófugo retorno, y al no poder reivindicar sus antiguas posesiones ocupen las cuevas existentes o excaven otras nuevas. A partir del s. XVII, los repobladores llegados de otras regiones de la Península, tras la orden de expulsión definitiva de los moriscos promulgada por Felipe III, también las utilizarán como vivienda.

Aquí se encuentra el germen de los barrios de cuevas y casas cueva (una evolución de las primeras) como los de Baza, el Barrio del Pozo en Freila, los Barrios de Abatel (que toma su nombre del vocablo árabe que significa lugar de castigo, ya que hasta 1502 el Condestable de Navarra mantuvo en él un patíbulo) y Capallón en Zújar y su anejo Carramaiza, los Barrios de la Cruz y l a Morería en Castilléjar, los ubicados en Galera y los enclavados en el semicírculo de colinas arcillosas que rodea Guadix.

LAS CUEVAS MODERNAS

El otro gran momento de expansión de las cuevas (concebidas a partir de la época nazarí como residencias familiares) se produjo en la provincia granadina a finales del s. XIX y la primera mitad del s. XX, coincidiendo con etapas de crecimiento demográfico, inmigración y puesta en cultivo de nuevas tierras. Las importantes industrias azucarera y agrícola en la Hoya de Guadix y en las altiplanicies de Baza y Huéscar actuarán como importante foco de atracción de una población de extracción social y económica humilde que buscará una vivienda barata y que se adapte tanto a su tradicional modo de vida como a sus necesidades de espacio (corrales, cuadras, silos…).

Con esta población y sus sucesivos moradores esta milenaria muestra de arquitectura subterránea evolucionará formalmente, modificándose alguno de sus aspectos más tradicionales, con vistas a hacerla más confortable y práctica. A lo largo del s. XX se van incorporando a las casas cueva las instalaciones y servicios que unos años antes se habían introducido en las viviendas. En los años 50 del s. XX se realizó en Guadix la última excavación masiva de cuevas.

Esta modernización está propiciando la potenciación de este singular hábitat como recurso turístico de primer orden, bien como alojamiento, bien como sede de restaurantes y museos.

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En el pintoresco barrio del Sacromonte, que mira a La Alhambra, se dan cita algunos de los elementos más identificativos de Granada. Por un lado, las cuevas excavadas en las grutas naturales de la montaña sagrada, templos del arte gitano y verdaderos museos de la vida troglodita adaptados a las comodidades modernas; y por otro, la Zambra, ese antiguo baile compuesto a su vez por otros tres que simbolizan los momentos de la boda gitana.

Este idílico lugar acogió a partir de la conquista cristiana en sus casas cueva, extramuros de la ciudad, a las etnias y grupos sociales que se hallaban fuera del control administrativo y el orden eclesiástico, como los judíos y moriscos. Barrio mayoritariamente gitano, cuentan las crónicas que éstos entraron en Granada acompañando a las tropas de los Reyes Católicos para los que trabajaban como forjadores. No es, por tanto, de extrañar la presencia desde siempre de artesanos y artistas dedicados al flamenco, de cuyo arte nació la vieja y embrujadora zambra que hoy continúa protagonizando espectáculos en cuevas como Los Tarantos, María La Canastera, Cueva La Rocío o Venta el Gallo.

Pero existe otra historia, la vinculada a la leyenda, elemento sin que el Sacromonte perdería parte de su esencia. La conocida como el Barranco de los Negros es una de las más cautivadoras. Narra cómo tras la caída del Reino Nazarí fueron muchos los nobles árabes que emprendieron el camino del exilio hacia tierras africanas. Temerosos de que les robaran sus fortunas escondieron grandes tesoros en este Monte de Valparaíso. Sus esclavos de raza negra eran conocedores de las incursiones de sus amos a la montaña sagrada y decidieron, tras ser liberados, recuperar estos tesoros. Excavaron y excavaron en las laderas de este barranco sin éxito y, extenuados por el esfuerzo se cobijaron en estos huecos que más tarde acondicionaron y convirtieron en sus hogares.

 

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