Productos de Granada con Denominación de Origen

Indicación Geográfica Protegida Jamón de Trevélez

La historia de la Denominación Específica de Calidad del Jamón de Trevélez se remonta a 1862, cuando se celebró el concurso nacional de productos alimenticios del que salió vencedor, confiriéndole por ello la Reina Isabel II a la villa granadina el privilegio de estampar en estos sabrosos perniles el sello de su corona.

La justa fama que ha llegado a alcanzar, se debe en gran parte a su singular proceso de salado y curación, realizado de manera totalmente artesanal. Se cubre la carne con sal marina en una proporción de un kilo de sal por cada kilo de la pata del animal, durante varios días, tras los cuales se lava y cuelga para que se ventile durante los tres meses más fríos del año. Comienza entonces la maduración, en la época de calor, cuando la grasa va impregnando la carne. Tras unos seis meses es el turno del envejecimiento, la última parte del proceso, y se produce durante los siguientes meses de otoño e invierno. La flora macrobiótica que se desarrolla a ciertas alturas incide en el proceso de fermentación del Jamón de Trevélez, otorgándole ese sabor peculiar, menos salado que otros jamones de similar calidad.

La Denominación de Calidad obliga a una serie de requisitos. Deben ser jamones procedentes sólo de las razas Landrace, Large-White y Duroc-Jersey o sus cruces; curados en un área natural con factores determinados de altitud (más de 1.200 metros), temperatura y humedad. Las localidades que se acogen a esta denominación son Trevélez, Juviles, Busquístar, Pórtugos, La Tahá, Bubión, Capileira y Bérchules.

La ilustre granadina Eugenia de Montijo llevó este jamón a la corte francesa, siendo incorporado pronto a los menús imperiales.

Más información: www.jamondetrevelez.es



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