Como dijo el geógrafo francés Jean Sermet: “Guadix es una ciudad que no se debe describir; debe ser vista”. Se ubica en el declive norte de Sierra Nevada, en la denominada Hoya de Guadix, en el paso natural desde Levante a Andalucía. Se presenta como una ciudad monumental, de las principales de la provincia de Granada y de las más antiguas de toda la Península Ibérica, que conserva un rico y extenso patrimonio histórico-artístico. Destaca tanto la arquitectura religiosa como civil con importantes ejemplos.
Se diferencian tres zonas urbanas claramente definidas: la alta, ocupada por cuevas; la medieval, renacentista y barroca; y el nuevo Guadix, fruto del desarrollo urbanístico más reciente. En la singular configuración de su casco urbano destacan como signo distintivo sus típicos barrios, como el de las Ermitas o de las Cuevas, con numerosas viviendas habitadas excavadas en la tierra. De su rico patrimonio destaca la Alcazaba árabe, Monumento Nacional que se erige en la cima de un cerro, la monumental Catedral y multitud de iglesias y ermitas.
La oferta turística de Guadix es completísima, ofreciendo al visitante todo tipo de alojamientos, como hoteles, casas rurales y casas cueva. El abanico de deportes que se pueden practicar abarca desde la pesca, al piragüismo, pasando por el senderismo o paseos en bicicleta o a caballo, o los deportes de motor, en el Circuito de Velocidad de Guadix.
La zona en la que se asienta Guadix ha estado habitada desde la prehistoria y se trata de uno de los asentamientos humanos más antiguos de España por su condición de cruce de caminos. Se han encontrado restos del Neandertal, Paleolítico Superior y Edad de los Metales. Los fenicios y cartagineses la llamaron ‘Acci’ de donde deriva el actual nombre. Fue una importante colonia romana a orillas de la Vía Augusta. Incluso fue Julio César quien la elevó a colonia en el 45 a.C. y la llamó Julia Gemela Acci. Durante esta época se realiza el acuñamiento de monedas de diversos valores. En la época goda el municipio entró en decadencia, aunque el carácter episcopal de la ciudad le hace tener peso en los distintos concilios.
Los musulmanes le devolvieron su protagonismo dotándolo de su fisonomía árabe. Durante este período, Guadix vive etapas de luces y de sombras, esplendor y decadencia. Es en el siglo X cuando Abderramán III le concede gran importancia militar. Con las guerras civiles en las últimas fases de la dinastía nazarí, se convierte en capital del efímero reino encabezado por ‘El Zagal’. Se convierte en sede del corregimiento y enclave episcopal gracias al papel jugado por el arzobispo de Toledo, Rodrigo González de Mendoza.
En el año 1489 es entregada a los Reyes Católicos y los musulmanes quedaron relegados a los arrabales. Años más tarde, con la sublevación de los moriscos, estos fueron expulsados del municipio. A esta etapa le siguen tiempos de vuelta de forma clandestina de algunos de los exiliados. Éstos construyen sus viviendas en el entorno urbano dando lugar a lo que hoy conocemos como casas cueva. Durante la dinastía de los Austria y Borbones, Guadix se convierte en ciudad del antiguo régimen y posteriormente es protagonista de las quejas de sus vecinos a la Corona. En el siglo XIX, con la invasión de las tropas napoleónicas, se suceden períodos de decadencia y prosperidad.
La gastronomía de Guadix muestra en sus platos la herencia de las diversas culturas y poblaciones que la han habitado. Destacan platos como la olla, el potaje, las migas, el rin ran (con pimientos asados y bacalao) y las gachas. También en sus mesas se encuentran ricos embutidos derivados del cerdo. Guadix cuenta con dos clásicos gastronómicos, la pimentona sopa de Guadix y los tocinos de cielo. Todo ello acompañado del vino de la tierra. Asimismo hay una gran tradición en la repostería, como lo demuestra la elaboración de pestiños, arroz con leche, natillas y roscos fritos.