El término municipal de Cástaras forma parte del Parque Natural de Sierra Nevada y se ubica en su vertiente sur. A su término también pertenece la aldea de Nieles. Esta escondida y preciosa localidad es sin duda una de las más sorprendentes de la comarca, al tiempo que una de las más castigadas por la emigración. De casas blancas y calles empinadas y adaptadas al terreno, su urbanismo es el típico alpujarreño. Las vistas que se contemplan desde cualquier punto de sus alrededores son magníficas.
Uno de los lugares con más encanto son las antiguas minas Minas del Conjuro tanto por lo espectacular del yacimiento, hace años abandonado, como por las increíbles vistas panorámicas. Desde allí se domina el valle de Trevélez y el extenso territorio de La Tahá y Busquístar.
A sus vecinos les gusta recordar el sobrenombre de “vergel dormido entre piedra y agua” con la que figura citada Cástaras en los archivos de su Ayuntamiento, una acertada definición que remite a lo escarpado de su terreno, la abundancia de agua y la frondosidad de su vegetación.
Nieles está situada al pie del Cerro de las Alfanjías, a mil metros de altitud y con unas alegres vistas sobre el valle del río Guadalfeo y el Cerrajón de Murtas.
De origen árabe, alcanzó singular importancia como núcleo de población gracias a las minas de hierro de El Conjuro, explotadas hasta hace pocos años, y otras de mercurio que llevan cerradas desde mediados del siglo XX.
Tras la Reconquista llevada a cabo por los Reyes Católicos, Cástaras pasó a manos cristianas. A mediados del siglo XVI tuvo lugar la sublevación morisca, por lo que los moriscos fueron expulsados del municipio. Años más tarde, el pueblo fue repoblado con colonos de otras regiones.
Cástaras ha visto reducida drásticamente su población debido a la emigración. En los años 70, ante el éxodo masivo de sus habitantes en busca de trabajo a otros puntos de España, llegó a cerrar las dos terceras partes de sus casas.
En Cástaras se elaboran excelentes embutidos, sobre todo, jamón, chorizo, morcilla y salchichón. Entre los platos más sabrosos destacan el choto al ajo cabañil o el remojón. El potaje de castañas es un postre típico que comparte con otros municipios.