LA POSADERA: Mirandolina regenta una posada, y por sus gracias y su ingenio gana, incluso sin quererlo, el corazón de todos los que se alojan en su casa. De tres extranjeros que se alojan en su posada, hay dos que están enamorados de la bella hospedera, pero el caballero... siendo incapaz de tener apego a las mujeres, la trata groseramente y se ríe de sus camaradas. LA DISCRETA ENAMORADA: Otra vez el juego, la acción pródiga en enredos y sutiles y lúdicas complicaciones, la aparición de personajes humanamente entrañables, el mundo de las apariencias equívocas, el amor confesado desde el primer momento, y... la dama enamorada que defiende con sutilezas y argucias el derecho a las relaciones afectivas que las presiones del entorno pretenden negarle. Nadie ha descrito con más verdad e ingenio la ternura y constancia del corazón de una mujer en las situaciones más difíciles de la vida y la disposición de hacer los mayores sacrificios por el objeto que aman: la mujer que se resiste a ir cabizbaja por la calle sin mirar y ser mirada, la que se enfrenta a la rígida pirámide social, la dama despierta y avispada dentro de su inocencia y sencillez, que maneja el enredo y pone todo su ingenio y artimañas para atraer a su amado y burlar los controles sociales. EL LAZARILLO DE TORMES: Nunca antes un clásico había tenido la oportunidad de que lo acompañase la poderosa guitarra cómplice de José Luis Montón, acordes que se unen a la única voz del Lazarillo de Tormes que se representa a través de Antonio Campos escenificando la clase baja y vagabunda de una época. Un antihéroe pregonero y astuto, un pícaro que pasando de amo en amo sufría la hambruna del pobre Siglo de Oro. Afortunadamente y a pesar de todo, una vez pudo conseguir una vida más llevadera, es en ese momento de su vida donde Lázaro resume su visión de la realidad, y se presenta como un insignificante "don nadie". Se manifiestan ecos jondos donde el Siglo de Oro y la actualidad se dan la mano a través del humor y la ironía que rezuma del propio texto acentuándolo con toques de bulerías, fandangos o soleares que tienen su propia voz entre las cuerdas flamencas y los dedos de José Luis Montón.
En el presente proyecto, la Orquesta Barroca de Granada e Íliber Ensemble se aproximan a la ópera La guerra de los gigantes de Sebastián Durón (1660-1716), una obra tan fascinante como poco conocida, que se revela como uno de los grandes hitos escénico-musicales del siglo XVIII en España. Su importancia e influencia es absolutamente decisiva en la historia de la música en nuestro país, pues supuso un fin de ciclo al constituir la última gran producción escénica genuinamente española. De esta manera, la obra se estructura en una sucesión de tonadas y coplas, formas características de la música hispana de entonces, en lugar de articularse en recitativos y arias, como sucedía en la ópera italiana contemporánea -y, por influencia de esta, en prácticamente todo el panorama operístico europeo del momento-. Pero La guerra de los gigantes supuso también un ejercicio de conciliación musical: a pesar de su fuerte característica española, la obra incluye algunos elementos franceses e italianos, los dos estilos nacionales predominantes en el escenario musical europeo de principios del siglo XVIII. De esta manera, Sebastián Durón fue capaz de integrar en su ópera estas dos corrientes -entonces absolutamente irreconciliables por motivos no solo musicales, sino también políticos, sociales y culturales-, logrando reunificarlas y reconciliarlas casi diez años antes de que se iniciase en Centroeuropa el movimiento conocido como los "gustos reunidos", que abogaba por la fusión de elementos italianos y franceses para crear un único estilo musical globalizado. La interpretación de La guerra de los gigantes es, sin lugar a dudas, uno de los acontecimientos musicales más importantes del año. La ejecución de la música con criterios interpretativos historicistas, que nos permiten acercarnos al mundo sonoro del atardecer barroco español, con un elenco vocal integrado por algunas de las mejores cantantes especializadas en música antigua de Europa, cautivará la atención del público. Por otra parte, la absoluta actualidad de los temas tratados y los rasgos característicamente españoles que presenta esta obra garantizan el éxito de una producción que pone en valor uno de los tesoros de nuestro patrimonio musical, conmemorando además el tricentenario de la muerte su autor, Sebastián Durón, considerado uno de los creadores más brillantes que ha dado nuestro país.
Se trata de un espectáculo lleno de color, emotivo, que apela a la memoria colectiva y que sugiere unos años en la historia de este país y una forma de vida. El vestuario de la época, los sonidos originales del disco y las imágenes del universo lorquiano suman una propuesta que llena el escenario y que hace que el público, de todas las edades, participe de un ritual de música y recuerdos.
Se trata de un espectáculo lleno de color, emotivo, que apela a la memoria colectiva y que sugiere unos años en la historia de este país y una forma de vida. El vestuario de la época, los sonidos originales del disco y las imágenes del universo lorquiano suman una propuesta que llena el escenario y que hace que el público, de todas las edades, participe de un ritual de música y recuerdos.
Se trata de un espectáculo lleno de color, emotivo, que apela a la memoria colectiva y que sugiere unos años en la historia de este país y una forma de vida. El vestuario de la época, los sonidos originales del disco y las imágenes del universo lorquiano suman una propuesta que llena el escenario y que hace que el público, de todas las edades, participe de un ritual de música y recuerdos.