A 65 kilómetros de la capital granadina, a orillas del río de su mismo nombre, en el límite de la provincia de Jaén y en la carretera que nos aproxima al Parque Natural de la Sierra Mágina podemos descubrir esta villa de singular belleza urbana y un vasto horizonte de tierras de labor.
La población se ubica al borde del cauce fluvial del río Guadahortuna, cuyo topónimo procede de la voz árabe ‘ued’, río, y del latín ‘hortus’, huerta o huerto. Su pasado se remonta al Neolítico, en su etapa nazarí sufrirá las operaciones de hostigamiento que los jinetes castellanos acuartelados en Cazorla realizaban sobre el territorio musulmán de Guadix.
Tras la conquista de la zona por don Fadrique de Toledo, en 1486, la reina Isabel dispuso su repoblación con vecinos cristianos para garantizar la seguridad de los caminos y el abastecimiento de pan a la urbe granadina. La villa pronto prosperó hasta asumir, con Iznalloz, la cabecera comarcal de los Montes Orientales.
En su singular casco urbano se alza la Iglesia Parroquial de Santa María la Mayor. Las primeras noticias de su construcción son de 1506, iniciada por el maestro cantero Domingo de Yguía, se sumaría más tarde Diego de Siloé. Destaca la monumentalidad de su fachada a modo de arco triunfal, que recuerda a la Puerta del Perdón de la Catedral granadina; a su lado se alza la torre campanario rematada por cuerpos decrecientes. El interior, de tres naves separadas por arcos apuntados, se cubre con rica armadura mudéjar. La capilla mayor, diseñada por Diego de Siloé, posee un bello retablo.
A la salida del pueblo está la Ermita de la Virgen de Loreto, patrona de la ciudad. Siguiendo la carretera de Alamedilla se encuentra el Puente del Hacho, obra de ingeniería industrial de finales del s. XIX, que salva un barranco de 623 metros.
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