En el siglo XIV el lojeño Ibn al-Jatib menciona ya el lugar, trascrito como Yay´yana. Más documentada está una fortaleza de su término, la torre de Roma, a la que debió acogerse la población en los convulsos momentos finales del medievo.
En plena Vega del Genil, la vinculación de Chauchina con su feraz entorno es tal que hay quien sostiene que su denominación deriva del vocablo latino sancius, corrupción de salix, sauce, dada su abundante presencia en la vegetación natural de ribera. En todo caso, sí se ha demostrado la remota presencia humana en la zona gracias al hallazgo de diversos restos –cerámicas, útiles, monedas– cuya cronología abarca desde el neolítico a época ibérica. El poblamiento se consolidó, sin embargo, en el período musulmán. En la legendaria torre de Roma, que prestó su nombre al Soto de Roma –vergel que, en palabras de Washington Irving, «era un retiro fundado por el conde Julián para consuelo de su hija Florinda»–, protagonizó diversos hechos de armas.
El centro del pueblo oscila entre la plaza del Ayuntamiento y la Iglesia Parroquial, un edificio iniciado a fines del s. XV que aún conserva el campanario de la obra primitiva. A su lado llama la atención «la Peana», fragmento de una columna extraída de las canteras de Loja destinada al palacio de Carlos V de la Alhambra. Particular atractivo tiene la histórica Torre de Roma, baluarte defensivo nazarí del s. XV.
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