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Granada, 16 de Septiembre de 2014

Guadix y El Marquesado

Alquife, corazón del hierro

Elena Llompart

A setenta kilómetros de Granada capital, El Marquesado esconde un paraíso dormido que guarda secretos para el visitante: los restos de un castillo medieval y la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción son algunos de ellos. La visita a las antiguas minas –un yacimiento de hierro a cielo abierto considerado el más grande de Europa de su clase– es el principal reclamo turístico del municipio, ya que muestra un impresionante paisaje difícil de olvidar

En la calle principal, la mayoría de las casas están vacías. Tan sólo algunos vecinos se acercan a la frutería de Dolores Muñoz y al Zapato -uno de los dos bares que se resisten a desaparecer- para tomar un poco de salmorejo o degustar el choto al ajillo, dos de los platos típicos del municipio. Aunque Alquife es hoy en día un pueblo casi fantasma, cuenta con suficientes atractivos como para ser una de las localidades más imponentes del Marquesado. Conocida por sus dos minas –la última estuvo en funcionamiento hasta 1996– su historia ha estado ligada a la extracción de minerales en sus alrededores desde los tiempos del Imperio Romano. No obstante, su nombre procede de la etapa árabe, cuando el pueblo fue denominado Al-Kahf, que quiere decir 'la gruta' y aludía, de igual modo, a las minas que seguían explotándose durante los siglos que duró ese periodo histórico. El monumento al minero -situado en la entrada del municipio- de buena cuenta de ello.

Por su cercanía, Alquife estuvo protegida desde La Calahorra durante la época musulmana. Como el resto de los pueblos de alrededor, pasó a formar parte de la Corona castellana para acabar perteneciendo al Marquesado de Don Rodrigo de Mendoza. Durante la época medieval hubo un castillo, del que hoy quedan algunos vestigios. Desde sus ruinas -los restos del tapiado están situados en un alto- se contempla el municipio y las grandes galerías de una de las minas.

Junto al castillo, la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción es el otro monumento que más atractivo despierta entre los visitantes. Con una cúpula renacentista y un artesonado mudéjar del siglo XVI, la pequeña iglesia guarda en su interior a La Virgen del Rosario y San Hermenegildo, el patrón del pueblo. Cuenta la tradición que cuando San Hermenegildo era transportado a otro pueblo, los bueyes se pararon en la ermita sin poder continuar la marcha. Entonces, los lugareños entendieron que el santo no quería abandonar Alquife.

Las fiestas del patrón -que se celebran el 13 de abril con la explosión del tradicional palo alquifeño- congregan a numerosos curiosos en la plaza principal. Allí se detonan los cohetes y cada explosión es una llamada a las puertas del cielo. Otra de las fiestas más populares es la de Santa Bárbara, patrona de los mineros. Una procesión por el barrio y otra en el propio pueblo llenan de vida al municipio cada 4 de diciembre.

Sin embargo, es la visita a las antiguas minas, un yacimiento de hierro a cielo abierto considerado el más grande de Europa en su estilo, el principal reclamo turístico del municipio: muestra un impresionante paisaje difícil de olvidar. Después de contemplar el lago interior formado por el fluir de las aguas subterráneas -en la actualidad es un embalse de trescientos metros de profundidad- es posible adentrarse en la cara norte de Sierra Nevada, a través de las pistas forestales, cambiando así completamente de entorno. El enorme cráter –las minas de hierro se explotaban a cielo abierto- forma ya parte natural del paisaje. Otros de los rasgos más impactantes son las grandes escombreras de las minas de hierro y el enorme depósito al que llegaban los conductos de agua encargados de abastecer el barrio minero.



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