Rosa Fernández
La zona de costa comprendida entre Torrenueva y Castell de Ferro ofrece uno de los paisajes más abruptos de la provincia, lugar que fue aprovechado por los sucesivos pobladores para instalar torres de vigilancia. En la ruta el viajero podrá contemplar los restos de estas fortificaciones, alzadas por árabes y cristianos para prevenir los peligros que les acechaban en el mar. Hoy día conservan su majestuosa silueta recortada sobre escarpados acantilados.
A TENER EN CUENTA:
- La ruta: Desde La Rijana, admirando los acantilados de la zona, para finalizar en la localidad costera de Castell de Ferro (Gualchos-Castell de Ferro).
- La situación: Castell se encuentra a 22 kilómetros de Motril y La Rijana a 5 de aquélla. Se accede por la N-340.
- Paradas: Playa de La Rijana; Torre de la Condenada, el Arrayán o la Raya; miradores a lo largo de la N-340; Castell de Ferro, donde visitar la iglesia y su fortaleza, cuyo origen se remonta al siglo XIII.
La protagonista de esta ruta es el litoral granadino en su versión más abrupta. Y es que esta costa posee unos majestuosos acantilados –bastante desconocidos– que sirvieron de baluarte contra piratas, bereberes o cristianos, según la dominación que tocara en cada momento. Capítulos de la historia militar de la provincia se han escrito desde aquí, sobre todo, por la importancia defensiva de la fortaleza de Castell de Ferro, anterior incluso a la población que emergió bajo su manto. Duques, corsarios y moriscos han admirado estas vistas que, además, ejercieron de propagadoras del peligro que se acercaba por el mar.
El viajero puede comenzar a admirar los acantilados una vez pasada Torrenueva, si tiene la posibilidad de observarlos a través de una embarcación. Pero si se mueve en transporte terrestre, después de la magnífica vista desde la N-340 en la que se divisa Calahonda, no deberá perder detalle de lo que se sucederá a sus ojos en pocos momentos.
Siguiendo por la mencionada carretera nacional, la primera parada de esta ruta la constituye la Playa de La Rijana, que pertenece al término municipal de Gualchos-Castell de Ferro. A unos 5 kilómetros de esta última localidad, se encuentra la torre de la Condenada, el Arrayán o la Raya, según se ha dado en llamar a lo largo de su historia. Fue construida en el siglo XVI con el objetivo de vigilar el puerto nacional que existía en la cala de La Rijanilla y la rambla que en ella desemboca, así como para servir de puente entre la torre de Calahonda o del Zambullón y la fortaleza de Castell de Ferro. Se sitúa en un espolón rocoso que se adentra en el mar, al este de la playa de La Rijana y a la izquierda del Barranco Zacatín.
El nombre de la Torre del Arrayán, abandonada ya a finales del XVIII, se debió, según algunos historiadores, a la abundancia de estos arbustos en otra época. También hay constancia de que en la cala que hay debajo de ella se albergaron hace cinco siglos hasta 60 buques de pequeño tamaño. La playa de La Rijana, bastante conocida por los turistas en verano, merece una visita, no sólo por su belleza sino por ser un lugar tranquilo y apartado en esta época del año. Hay que estar atento a la escasa señalización, para no cometer el pecado de dejarla atrás.
Las próximas paradas están marcadas por los miradores que se suceden a lo largo de la N-340 antes de llegar a Castell de Ferro. Merece la pena también desviarse por un camino que bordea la montaña que se encuentra inmediatamente antes de llegar a la mencionada localidad, en el que se observan unas vistas imponentes, con Calahonda a lo lejos. Pese a que suele soplar un fuerte viento, es impresionante ver sobrevolar a las gaviotas con gran destreza sobre esos abismos.
En los siguientes miradores también se pueden divisar las escarpaduras y precipicios, hasta llegar a la última curva antes de desviarse a Castell. En esta vista se alza majestuosa la fortaleza que preside la población, con la playa castellferreña debajo y, a continuación una costa que se vuelve interminable a la vista, con las ciudades almerienses que se adivinan a lo lejos.
La ruta finaliza a 22 kilómetros de Motril, en Castell de Ferro, cuya población es posterior a la fortaleza que se encuentra encima de ella y que tuvo un importante papel estratégico por su emplazamiento. Sirvió de defensa tanto de las ramblas que lo rodean y que sirven de acceso natural a la zona de la Alpujarra, en otro tiempo habitada mayoritariamente por moriscos, como de vigilancia de la costa del Reino de Granada en caso de desembarco y ataque de turcos o piratas, algo bastante habitual desde el siglo XVI al XVIII. Fue precisamente en esa época cuando ya era seguro vivir en la costa y por ello se desplazaron algunos habitantes de Gualchos y otras zonas interiores para unirse a las diez casas de la playa que existían hasta esa fecha. Su origen marinero dio paso después a otro basado en la agricultura de invernadero.
Su playa, la iglesia, que data del siglo pasado y que se construyó por el empeño de una religiosa llamada Doña Teresa, y la fortaleza cuyo origen se cree que se remonta al siglo XIII son algunos de los lugares de interés.
CASTELL DE FERRO
Una localidad repoblada por catalanes
Castell de Ferro se llamó durante la época de los Reyes Católicos Castil de Ferro, pero se cambió a Castell, al parecer, por la repoblación de los catalanes en la zona. En cuanto al hierro presente en su nombre, existió un puerto natural en el que se embarcaba este mineral que se recibía desde Sierra Lújar. El castillo o fortaleza situado en la localidad presenta unas dimensiones mayores que una torre vigía, pero inferiores a una alcazaba. Su forma es diferente de los hallados en la zona. Llegó a albergar hasta a cien personas. Una curiosidad histórica: en el tablero 42 de la sillería del coro de la catedral de Toledo está representada la rendición del castillo de Castell de Ferro a los Reyes Católicos.
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