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Granada, 18 de Mayo de 2013

Alpujarra y Valle de Lecrín

Órgiva, cruce de caminos

Rosa Fernández

Encontradas y diversas son las sensaciones del viajero que visita Órgiva: la de sus calles estrechas, tortuosas y pendientes; las simétricas fachadas modernas y repletas de plantas regadas por el sol... Uno de los reclamos de la villa es la curiosa Sala Cervantina Agustín Martín Zaragoza, que cuenta con 150 ejemplares en 42 lenguas diferentes y 3 dialectos de ‘El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha’.

A TENER EN CUENTA:

- Cómo llegar: Desde Granada hay 53 kilómetros. Debemos tomar la A-44 y después la A-348 (por Lanjarón). Desde la costa, 35 kilómetros, por la A-346 (Vélez de Benaudalla) y seguir por la A-348.
- Situación: Está integrada en la vertiente sur del Parque Natural de Sierra Nevada y enclavada en la depresión del Guadalfeo, en la confluencia del Río Guadalfeo (o Río Grande) y su afluente el Río Chico de Órgiva.
- Origen: Se la ha querido identificar con una antigua colonia griega llamada Exoche, mencionada por Tolomeo, aunque las primeras referencias escritas están en los escritos de Al-Idrisi (siglo XII).
- Agenda: La noche de San Antón (madrugada del 17 de enero) es tradicional quemar los ‘chiscos’ u hogueras alrededor de las que los vecinos pasan unas horas en la calle compartiendo conversación.
- Curiosidades: Al Cristo de la Expiración le llaman los orgiveños con respeto y cariño ‘El Cojonúo’. El papaviejo es una especie de buñuelo dulce que se suele tomar en Semana Santa; se trata de masa frita pero rebozada con canela y azúcar.

Cruce de caminos
Encontradas y diversas son las sensaciones del viajero que visita Órgiva: la de sus calles estrechas, tortuosas y pendientes, jardines, azoteas, bajas tapias, terrados y viejos muros; la de las simétricas fachadas modernas; unas y otras cuajadas de macetas, cajones, toneles y muchas plantas regadas por el sol; la de la nueva mezquita; la de la bulliciosa plaza junto a la Iglesia, los comercios y servicios... Todas ellas han fascinado a los numerosos forasteros que han decidido hacerla su lugar de residencia. Su principal encanto quizá sea que tradición y modernidad han convivido a la perfección en la capital de la Alpujarra occidental, título otorgado por los habitantes de esta comarca no sólo por ser sede judicial, distrito sanitario y educativo, sino nudo de comunicaciones y cruce de caminos.

Y es que todos los caminos conducen a Órgiva. Una carretera enlaza la villa con la Costa Tropical; otra, por Lanjarón, con Granada; una tercera, por Torvizcón, conduce a La Rábita; y la última se adentra en el corazón de La Alpujarra Alta, subiendo hacia Pampaneira o Trevélez.

Se proceda de cualquiera de estas direcciones, lo mejor es dejar el vehículo en la parte alta de la ciudad, ya que es una auténtica odisea intentar aparcar en la zona más animada, sobre todo, durante la mañana, de Órgiva. Es el caso de la Plaza García Moreno que, con sus abundantes cafeterías y su suave clima, puede tener sus terrazas abiertas todo el año. Desde ese lugar, no sólo se intuye una buena gastronomía, sino que la grata sensación del calor del sol (más en esta época del año) se multiplica al contemplar la vista de la Iglesia de Nuestra Señora de la Expectación, con sus características torres gemelas, orgullo de los orgiveños que, popularmente y entre ellos, se llaman ‘hueveros’.

La fachada de la iglesia de Órgiva es de estilo renacentista de tipo grecorromano. Las torres, a lo lejos, se divisan majestuosas desde las cuatro carreteras antes mencionadas. Ya, en su interior, los orgiveños veneran la imagen de su Santo Cristo de la Expiración, una talla de la escuela de Martínez Montañés en madera de cedro. El retablo del altar mayor pertenece al barroco churrigueresco.

A la salida, avanzando calle abajo, no hay que perderse el detalle de una cruz de hierro donada por Don Juan de Austria, hermanastro de Felipe II, que corona la valla de la iglesia y que se forjó para conmemorar el final de la Reconquista.

El recorrido continúa en la Casa Palacio de los Condes de Sástago, a los que les fue cedido el señorío de la villa, como también ocurrió anteriormente a los hijos de Muley Hacén, a Boabdil (a partir de 1492 fue su lugar de retiro) o a Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán. En la actualidad, el palacio construido en el siglo XVII sobre una torre fortificada, ha sido restaurado y alberga un moderno ayuntamiento.

Cercana está la Avenida González Robles, donde dar un paseo entre su abundante arboleda. Desde allí, lo mejor es recuperar el vehículo en la parte alta de la villa, no sin antes pasar por la curiosa Sala Cervantina Agustín Martín Zaragoza, que cuenta con 150 ejemplares en 42 lenguas y 3 dialectos de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha. En frente está la Plaza de la Alpujarra, con un interesante pasadizo donde están representados un buen número de pueblos de la comarca.

Los dos recorridos esenciales que faltan y que están bastante alejados son la Ermita de San Sebastián, donde merece la pena observar el paisaje de alrededor: verdes huertos, montañas ‘azules’ y una sensación de quietud incomparable. Y, por último, el lugar conocido como El Castillejo, donde más que los restos romanos que se puedan encontrar allí, es impresionante la vista a lo lejos de la que fue durante siglos Albacete de Órgiva (o llanura de Órgiva) y desde cuya cima se domina el curso del Guadalfeo y las entradas y pasos que, desde la costa de Salobreña, facilitaron a lo largo de la historia el acceso al valle.



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