Artesanía y compras

Artesanía y talleres

Granada expresa en su artesanía la asimilación de los oficios legados por las diferentes culturas que se han asentado en ella. Desde los íberos y fenicios o el mundo grecorromano, hasta los musulmanes, protagonistas indiscutibles de la historia de este territorio andaluz.

La amalgama de estilos e influencias artísticas, incluida la impronta cristiana, confieren una personalidad propia a labores que, por su calidad y belleza, han traspasado fronteras. Artesanías como la taracea, la cerámica, la desempeñada por los luthiers, la hojalatería, bordados y jarapas o el repujado del cuero trazan una fiel radiografía de esta seña de identidad. Aunque adaptadas a los nuevos tiempos, continúan siendo el mejor reflejo de la idiosincrasia y las costumbres más arraigadas del pueblo.

El oficio del barroLos oficios de la maderaLos oficios del metalLos oficios del textilLos oficios del cuero

Alfareros y ceramistas

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La cerámica de raíz musulmana trabaja estilos tan universales como la Fajalauza, el reflejo metálico o la cuerda seca. Este arte siempre ha tenido en la provincia una fiel compañera: la alfarería popular, que ha evolucionado conforme lo hacían también los tiempos. En un primer momento estas piezas estaban vinculadas con las formas de vida tradicionales de la sociedad rural y muy ligadas al trabajo en el campo. Algunas de ellas, que eran vendidas en toda Andalucía, Murcia y La Mancha por arrieros y carreteros, dieron incluso nombre a la localidad donde se producían. De ahí lo conocidos que llegarían a ser, entre otros, los anafres de Alhama, los botijos de gallo de Almuñécar, las orzas de Huéscar, los cántaros de Motril, los ‘pipos’ de Guadix o las ‘tostaeras’ de Órgiva. Sin embargo, a mediados del siglo XX el ámbito rural experimentó un cambio radical que influyó en la producción de estos objetos. Las labores agrícolas se mecanizaron, los medios de comunicación evolucionaron y se inició la emigración hacia la ciudad. Nuevos materiales y el abaratamiento de la loza, la porcelana y el acero inoxidable hicieron que éstos reemplazaran a la cerámica en el menaje doméstico. Todo ello derivaría en la orientación de la producción hacia fines más decorativos, siendo la tendencia que aún prevalece en este sector artesano.

La jarra accitana

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En torno a la Hoya de Guadix se elabora la que es considerada una de las piezas que con mayor fuerza caracteriza la alfarería popular nacional. Es la denominada ‘jarra accitana’, también llamada ‘jarra burladera’ o ‘jarra de las pajaritas’. Esta gran obra barroca de filigrana en barro sin vidriar está llena de detalles ornamentales que son todo un alarde de fantasía. Sobre sus asas descansan unas pirámides silueteadas con rollos continuos que terminan en pajaritos; todo ello cuajado de flores, hojas, gallos y mascarones. También de Guadix es la ‘zalona’, vasija de poca altura y boca ancha utilizada desde tiempo inmemorial para el vino en el norte de la provincia. La próspera producción de esta zona, con el papel destacado de Purullena, se completa con piezas como los ‘toricos’, zambombas, lebrillos o candiles. La jarra accitana tiene el valor simbólico de ser el regalo de la novia donde los invitados a la boda depositan cantidades monetarias.

 Cerámica de Fajalauza

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La cerámica que se trabaja hoy en la capital y en localidades como Jun, Cortes de Baza, Monachil u Órgiva es heredera directa de las técnicas, los modelos y las ornamentaciones utilizadas en la época nazarí. Los cristianos no dudaron en asimilarla y reproducirla fielmente creando una producción de carácter suntuario. Producción formada por piezas vidriadas y decoradas, en las que el color y la textura juegan un papel fundamental. Una de las cerámicas con la que más se identifica Granada es la conocida como Fajalauza. Ésta toma su nombre de la puerta medieval de la ciudad que daba acceso al tradicional barrio de alfareros donde, ya en el siglo XVI, se elaboraban estas obras de arte. Del proceso seguido entonces, muy pocos son los cambios experimentados en la producción de esta cerámica policromada. Tras el torneado manual de las piezas se realizaba una primera cocción. Después se sumergían en un baño de óxido de estaño para fijar la cubierta blanca que daba el fondo. Entonces se procedía al esmaltado con óxido de cobalto y de cobre para lograr los característicos tonos azules y verdes. El proceso acababa con una tercera cocción. En ella se fijaban a objetos como platos, cántaros, fuentes, azulejos o jarras elementos decorativos tan representativos como la silueta de la granada o  pájaros y motivos florales. A finales del siglo XIX, la pérdida de los últimos vestigios coloniales sumió el país en una crisis de identidad nacional de la que ilustrados como Ángel Ganivet, Manuel de Falla o Federico García Lorca propugnaron salir, buscando esa esencia perdida en la cultura más popular. Uno de los aspectos que más se magnificó fue el de los oficios artísticos granadinos, impregnados de la influencia musulmana. Así, junto a la Fajalauza se retornó a técnicas como la de reflejo metálico o la cuerda seca (cuyo esmaltado recuerda una visión de caleidoscopio), la cerámica califal (inspirada en los modelos de Medina Azahara) o la andalusí. Un nutrido grupo de artistas de la tierra lleva décadas experimentando con las formas, materiales, decoración y estética ceramista. Una nueva cerámica que crea obras de líneas muy personales y originales. Muestra de ellos es el empleo de arcillas y porcelanas en lámparas, el uso de la cuerda seca en trabajos murales o la combinación de piezas esmaltadas con objetos de mobiliario.

La taracea

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La taracea fue introducida en España por los musulmanes y tuvo sus primeros talleres en la Córdoba del siglo XII. Se nutrió de los trabajos ornamentales que se realizaban en los cueros repujados y policromados. Trasvasada la técnica y elementos decorativos a la Granada nazarí, en la época cristiana este oficio continuaría con su esplendor. Esta labor añade a la marquetería, que combina artísticamente las gamas y tonos de maderas, la incrustación de diferentes materiales y metales. Se da lugar a una estética detallista, con dibujos de estructura geométrica para decorar arcas, cofres, bargueños, ajedreces o mesas. Actualmente, algunos talleres han ido mecanizando y simplificando el proceso, sustituyendo materiales nobles por elementos plásticos o trabajando sobre grecas ya elaboradas. Pero aún existen talleres que siguen fielmente el procedimiento original, empleando maderas consideradas preciosas, como el ébano o la caoba, además del cedro, nogal o naranjo. Los artesanos de la taracea se inspiraban para sus tracerías geométricas en los motivos ornamentales de la Alhambra, cuyo influjo se ha perpetuado.

El mueble renacentista

La cultura cristiana también dejó su impronta en el oficio de la madera, siendo la artífice del denominado mueble de tipo renacentista, también llamado español o granadino. Alcanzaría prestigio en todo el país gracias a la importante labor que un destacado grupo de ebanistas de la ciudad desarrolló en el primer tercio del siglo XX. Tomando como precedente algunas piezas del mobiliario realizado en la época de los Reyes Católicos, se consolidó en los siglos XVI y XVII una línea española. Se puede observar en bargueños, arquimesas y muebles de alcoba. Integraban la riqueza del primer Renacimiento con la sobriedad de los elementos procedentes de los retablos de iglesia. Dando lugar a esta línea renacentista caracterizada en su decoración por la profusión de mascarones, grutescos, adornos florales, hornacinas y estatuillas.

Los luthiers

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En Granada y Madrid se enclavan las dos principales escuelas de luthiers de España. Por su reconocido prestigio, aglutinan la mayor parte de pedidos de instrumentos musicales de cuerda realizados por los más afamados concertistas y músicos profesionales. Así, una parte muy importante de la producción se efectúa por encargo de clientes de países extranjeros. La construcción de las guitarras granadinas –tanto clásicas como flamencas– es enteramente manual y requiere un perfecto dominio de diferentes actividades (ebanistería, marquetería y barnizado) además de un innato talento musical. Trabajan estos artistas con maderas muy seleccionadas y en su mayoría de importación como el abeto alemán o el cedro hondureño. El ciprés es la madera nacional que se emplea para algunos componentes de la guitarra flamenca. Cada madera se destina a un elemento del instrumento, como el mástil, diapasón, tapas, aro y lomos. La escuela que en Granada creó el maestro de constructores Eduardo Ferrer continúa su labor en lugares tan pintorescos como el Albaicín o Cuesta de Gomérez. En localidades de la provincia como Baza, Lanjarón, La Tahá o La Zubia se fabrican además de guitarras, laúdes barrocos, bandurrias y contrabajos.

La imaginería

Granada ha albergado a grandes tallistas dedicados a la escultura y a la imaginería religiosa. Han seguido la escuela artística que crease Alonso Cano, en la que prima la expresión dulce y contenida de las imágenes. Sus continuadores han sido los artífices de obras extraordinarias para los tronos de la Semana Santa, así como de imágenes veneradas en los templos de la provincia.

Forja y calderería

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La juventud de los actuales forjadores, herreros y caldereros viene a explicar la espectacular recuperación de esta tradicional artesanía. El escenario continúa siendo el mismo: las fraguas y talleres de los barrios del Albaicín (la Veredilla de San Cristóbal) y el Sacromonte, donde aún resuena el sonido metálico de los cinceles. La calderería de cobre se erigió durante muchos años como emblema de la artesanía de la tierra. Tal y como atestiguaban los calderos y objetos que decoraban las fachadas de las cuevas del Sacromonte. Con el paso de los años el cobre fue siendo sustituido por el latón, más económico y fácil de trabajar. Los cinceles y martillos han pasado también a ocupar un lugar secundario. Así, esta nueva calderería, a la que se suma una original metalistería, se aplica a la producción de lámparas, paragüeros, revisteros, llamadores y diferentes muebles auxiliares. En torno a los numerosos talleres de herrería del Albaicín se fraguaron, nunca mejor dicho, las historias y leyendas sobre los cantes flamencos de fragua, como el popular martinete.

Faroles granadinos

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El farol granadino, especialización de la hojalatería artística de raíces árabes, mantiene su pujanza por el alto valor ornamental que confiere a cualquier espacio arquitectónico. Si bien la hojalata continúa siendo el metal -soporte de cristal- más empleado, se han ido incorporando en los últimos tiempos, el latón y el estaño. La armonía cromática de los cristales ensamblados y soldados es parte fundamental del diseño realizado en numerosos talleres. Decoración en la que también aparecen técnicas como el repujado, el calado y cincelado. Recuerdan, éstos, a los estilos mudéjar, renacentista, bizantino, barroco o la interpretación de la vidriera de Castril, intensamente coloreada y de tradición árabe.

Bordados y mantillas

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Al amparo de la producción del tejido andalusí denominado tiraz surgiría la del bordado en oro, destinado especialmente a la confección de lujosos trajes. Tal debía ser la riqueza de esta artesanía que el mismo Richard Ford hace referencia en 1833 a un taller de Granada en el que había encargado un traje ornado en oro. A finales del siglo XVIII, con la invención del tul mecánico, comienza a surgir el bordado sobre tul, así llamado por realizarse sobre este tipo de tela. Esta labor manual era efectuada en su domicilio por las bordadoras, a las que las recogedoras encargaban trabajos que luego ellas distribuían. A principios del siglo XX se comenzaron a organizar los primeros talleres. Los bordados de tul más antiguos presentan una decoración menuda y muy tupida y en algunos aparece el motivo de la granada. Con el tiempo, los motivos se hacen más grandes y dispersos, inspirándose en la ornamentación nazarí de la Alhambra. Esta labor pasaría a ser más conocida como la blonda granadina, al imitar los bordados la decoración de los encajes de blonda, utilizados para las mantillas españolas. Con este trabajo que aún realizan bordadoras en Granada, se elaboran también juegos de cama, velos, echarpes y mantelerías trabajadas con hilo, con colores tenues y trazos inspirados en elementos barrocos y renacentistas.

Jarapas alpujarreñas

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La tejeduría en el telar fue uno de los principales motores económicos de la Granada andalusí, como demuestra la existencia de 5.000 telares en la capital al final de la presencia árabe. La progresiva implantación del tejido mecanizado los fue arrinconando hasta configurarlos como un arte puro en sus diseños y realización. Una pureza y unas técnicas que se mantienen en los tejidos alpujarreño, granadino y de mota. Pero si hay una zona donde brilla con luz propia esta artesanía es la Alpujarra, que en época árabe fue uno de los principales productores de seda. Hoy desaparecida esta tradición, en sus localidades existen aún numerosos telares en los que se fabrican desde tejidos de lana, alfombras y tapices hasta la conocida jarapa alpujarreña, creada con recortes de otras telas.

Guarnicionería y guadameciles

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La guarnicionería fue una de las labores del cuero que contó con mayor número de artesanos. Con la transformación de las labores del campo, los talleres que tenían en este medio a sus principales clientes fueron desapareciendo. La marroquinería es hoy un oficio desempeñado por un grupo de jóvenes artesanos con herramientas exclusivamente manuales. Realizan artículos de complemento personal como bolsos, pitilleras, billeteras, carteras de mano, cinturones, colgantes e incluso pendientes de cuero.

La ‘juventud’ de la marroquinería

La época de esplendor del cuero granadino, que coincide con la creación de una escuela propia, tendría lugar al inicio del siglo XX. Se incorporó, entonces, el policromado a la dilatada tradición del cuero repujado, creando los cueros artísticos conocidos como guadameciles. Este oficio de maestría manual requiere el arte de la composición, para dibujar, grabar y repujar en el cuero los motivos deseados. Estos van desde lo figurativo al tramado de geometrías y adornos. Su producción se atiene a líneas clásicas y renacentistas para elaborar tableros de ajedrez, cofres, trípticos o escribanías, entre otros artículos.

Albayalde

Órgiva
Pago cortijo del cura s/n 18400
Tel: 958 785199 - 676 735029
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Alfarería Hermanos Casares

Monachil
Granada, 29 B 18196
Tel: 958 500125
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Alfarería Jesús Herrera

Guadix
Era los Belenes s/n 18500
Tel: 958 664683 - 658 826027
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Ángel Vera Cerámicas

Órgiva
Cortijo Poyo de Dios (Bayacas) 18400
Tel: 958 785162

Arrayanes

Atarfe
Ctra. de Córdoba Km. 430 nave 3 18230
Tel: 958 437369
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Artesanías Álvarez

Atarfe
Ctra. de Córdoba, Km. 427,5 18230
Tel: 958 438505 - Fábrica: 958 438646
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Artycer

Santa Fe
Carreta A-92G Km.3,6 18320
Tel: 958441209
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Cecilio Morales Moreno – Cerámica Fajalauza

Granada
Fajalauza, 2 18010
Tel: 958 200615
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